C a z a   e n   A b i e r t o

V e n a r e   n o n   e s t   O c c i d e r e

EL SOLITARIO (Foxá)

Variada y rica es la literatura cinegética en nuestro país, escrita por grandes cazadores y amantes de la naturaleza como son el Conde de Yebes, Miguel Delibes, Jaime de Foxá, etc.

 

CAZAENABIERTO Y "LAS SOMBRAS DE LA LUNA"...

Este libro lo escribí hace ya muchos años contando mis primeras experiencias cinegéticas, empezando, como cazador, en "fincas cerradas" (en las fincas de mi familia en el sur de España) y mi transformación en cazador "de verdad", cuando empecé a cazar en "fincas abiertas".

De hecho, tras la redacción de este libro, fue cuando se empezó a gestar en mi cabeza el crear una Organización como "cazaenabierto" (que ahora es una realidad) ya que durante mis primeras andaduras como "cazador" en finca abierta descubrí la verdadera diferencia entre "creerse un cazador" y "ser un cazador".

Sólo a través de los cazadores que compartan ésos principios y valores y confíen en nosotros para vivir una experiencia de caza única, CAZA EN ABIERTO tiene razón de ser.

En ésta página, copio el prólogo de mi libro, escrito con mucho cariño allá por el año 2005, y en donde quizá se refleje un poco el espíritu de lo que ahora se llama CAZA EN ABIERTO. Espero que lo disfruten.

(el libro y su título está registrado en la Sociedad de Autores, aunque aún no lo he publicado).

Fdo., Emilio Sanz-Pastor Rivas

LAS SOMBRAS DE LA LUNA - Relatos y experiencias de un cazador nostálgico de la caza mayor en su pura esencia y tradiciones.

PRÓLOGO

Todos, en mayor o menor medida, llevamos dentro ese instinto atávico depredador, que ayudó a que los primeros hombres alcanzasen la cúspide de la pirámide evolutiva, hace millones de años. Con el transcurrir del tiempo, el Hombre se ha ido alejando de esa naturaleza de la que proviene, de su propia esencia y orígenes, y ha creado una serie de necesidades ficticias y de falsas dependencias. Todas ellas, unidas al vertiginoso ritmo de vida actual, han logrado que el hombre se olvide de lo más básico y de lo más hermoso - de ser Hombre.

El Cazador, un cazador de verdad, pertenece a ese reducido grupo que todavía es capaz de disfrutar y de sentir su propia esencia en un medio que para él es el suyo mientras que para el resto se ha convertido en hostil: EL CAMPO. Ese cazador no ve el acto de matar como un fin en sí mismo sino como una “consecuencia de un conocimiento del medio y de la pieza”, cuya caza se desarrolla en a lo largo de un “lance de caza” y cuya consecuencia es en algunos casos, no en todos, la captura de la misma. Para él, el campo será un punto de encuentro consigo mismo.

Allí, en la soledad del monte, el verdadero cazador disfrutará de su silencio, de su intimidad, de su paz, aflorando en él, sus instintos más primarios, al margen de convencionalismos sociales y se transformará en una máquina de cazar tal y como les sucedía a nuestros antepasados más remotos.

Un Cazador nace poseyendo ese instinto atávico que le empuja, ya desde pequeño, a lanzarse a descubrir el monte y sus secretos. Solo los que posean ese “don” podrán convertirse en auténticos cazadores. El resto, por mucho que lo intenten, no llegarán a ser más que “escopeteros” de esa feria en la que se ha convertido la caza comercial.

Cazar no es “darle al dedo” en una montería con cupo ni en un ojeo de perdiz o faisán ni en un rececho o aguardo “a mesa puesta”. ESO ES MATAR. Cazar, cazar con “mayúsculas”, es ser uno con el monte, es saber escuchar sus sonidos, es saber interpretar la propia esencia de la naturaleza para, con su ayuda, siendo uno con ella y nuestro instinto, culminar un lance de caza de tú a tú con la pieza elegida.

Aunque el instinto y el “olfato” del cazador es algo innato, todos los que lo somos necesitamos atravesar varias etapas a lo largo de nuestro periodo de aprendizaje, que resumiendo son: 

  • La de iniciación. Normalmente el cazador suele nacer en el seno de una familia de cazadores por lo que ya desde pequeño se ve inmerso en éste maravilloso mundo del campo. A lo largo de esta etapa descubrirá los olores del campo, tendrá los primeros encuentros con los animales del campo, descubrirá los primeros rastros, aprenderá a respetar el monte y su fauna… y escuchará a los mayores contar historias de caza sobre lances de caza vividos por ellos, historias sobre
         animales, … que despertarán en él la curiosidad y su imaginación. 
  • Los primeros encuentros reales con el campo y la de sus primeros lances, con armas de pequeños calibres pero que representan, para ese cazador novel, toda una artillería pesada. Se hartará de pegar tiros y en lo único que pensará es en matar. Lógicamente estará en plena efervescencia de todos sus instintos primarios y totalmente descontrolados. Poco a poco, según avance en su madurez como persona de campo, empezará a disfrutar de esos lances y de las piezas conseguidas y no conseguidas, valorando cada vez más cada minuto en el que esté en la soledad del monte.
  • Esta etapa nos llevará a última, en la que la importancia de cobrar una pieza pasa a un segundo término y se empieza a valorar más el como conseguirla. Esta reflexión personal nos hará observar nuestros defectos y virtudes, fomentando la paciencia y la seguridad en nosotros mismos, tanto en el ejercicio de la caza como en el resto de nuestra vida.

 Un cazador siempre respetará a la pieza de caza, viva o muerta y la tratará con la dignidad que se merece como parte imprescindible que es de todos y cada uno de los lances vividos y cuyo recuerdo perdurará en nuestra memoria para el resto de nuestra vida.

Muchas tardes, al llegar a casa, me siento enfrente de mis tablas de cochino y, entornando los ojos, vuelo por el monte recordando, lance a lance, cada uno de los vividos y cuyo recuerdo imborrable está en mis sueños y en la realidad de cada una de ellas.

En esos momentos y por encima de todo, recuerdo esos los lances que, sin estar en esa realidad frente a mí, me han hecho aprender y disfrutar igual o más que si estuvieran y que, tras haberme hecho disfrutar de muchas noches de espera sin ser capaz ni siquiera de verlos, de un día para otro, han cambiado de encame desapareciendo en las profundidades del bosque para siempre. A esos cochinos les debo mil lecciones, mil sueños imposibles, mil alegrías y esperanzas y mil recuerdos.

A todos esos cochinos que viven en nuestras serranías, en nuestros valles y en nuestras dehesas, que no conocen cercones ni alambradas, que viven libres por nuestros montes de España, a esos cochinos, quiero dedicarles este libro de recuerdos y de sentimientos.

Fdo., Emilio Sanz-Pastor Rivas

Para leer más sobre éste libro, pinchad éste link: http://lasombrasdelaluna.blogspot.com.es/


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